PISA 2025: Argentina profundiza la crisis de los aprendizajes

Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, muestran un retroceso de Argentina en Ciencias, Matemática y Lectura respecto de 2022. El país quedó muy por debajo del promedio de la OCDE y enfrenta, además, fuertes desafíos vinculados con la desigualdad socioeconómica, la preparación para el aprendizaje digital y el uso de inteligencia artificial en las escuelas.
Actualidad09/09/2026

Los nuevos resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) 2025 vuelven a colocar a la educación argentina frente a una realidad difícil de eludir: los aprendizajes fundamentales continúan deteriorándose. La OCDE publicó los resultados el 8 de septiembre de 2026, luego de la evaluación realizada durante 2025. En esta edición, PISA evaluó principalmente Ciencias, además de Matemática y Lectura, e incorporó también resolución de problemas computacionales, junto con nuevos indicadores sobre inteligencia artificial, competencias ambientales, curiosidad y perseverancia.

Argentina retrocede en las tres áreas centrales

El resultado más contundente aparece en Ciencias. Los estudiantes argentinos obtuvieron un promedio de 393 puntos, frente a 482 puntos de promedio de la OCDE. La caída respecto de PISA 2022 fue de 13 puntos. Además, el 59,3% de los estudiantes argentinos se ubicó entre los desempeños bajos, mientras que solamente el 0,7% alcanzó los niveles superiores 5 o 6. En el promedio de la OCDE, los estudiantes de bajo desempeño representan el 25,7% y los de alto desempeño el 7,2%.

El panorama tampoco mejora en Matemática.

Argentina obtuvo 367 puntos, frente a 463 puntos de promedio de la OCDE. En relación con 2022, el desempeño argentino cayó 11 puntos.  En Lectura, el país alcanzó 389 puntos, mientras que el promedio de la OCDE fue de 461 puntos. También aquí se registra una disminución: 12 puntos menos que en 2022.  Los números permiten observar una tendencia común: Argentina no solamente se encuentra por debajo de los estándares internacionales, sino que además registra una nueva disminución respecto de la evaluación anterior.

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Un dato importante para interpretar correctamente PISA 2025 es que la caída no afecta exclusivamente a Argentina. La propia OCDE informa que PISA 2025 registró los niveles promedio más bajos de desempeño de su historia en Ciencias, Lectura y Matemática. En Matemática, por ejemplo, el descenso internacional fue particularmente pronunciado después de 2018.  Esto permite evitar una explicación exclusivamente nacional. Existe una crisis internacional de los aprendizajes que atraviesa a numerosos sistemas educativos. Pero el problema argentino presenta una particularidad: el país parte de niveles de desempeño considerablemente inferiores al promedio internacional y, sobre esa base, vuelve a retroceder.

La desigualdad sigue dentro de la escuela

Los resultados muestran también que el rendimiento educativo está asociado a las condiciones socioeconómicas. En Argentina, el nivel socioeconómico explica aproximadamente el 11,8% de la variación del desempeño en Ciencias, prácticamente en línea con el promedio de la OCDE, que alcanza el 11,6%. La distancia entre los estudiantes ubicados en el cuarto superior y el cuarto inferior de la distribución socioeconómica fue de 82 puntos en Ciencias.

Esto revela que la escuela argentina no funciona sobre un terreno social homogéneo. Los estudiantes llegan al aula con recursos culturales, económicos, tecnológicos y familiares diferentes. La discusión sobre los resultados de PISA, por lo tanto, no puede limitarse a preguntar si los alumnos estudian o si los docentes enseñan. También debe preguntarse qué desigualdades sociales ingresan diariamente a las aulas y qué capacidad tiene el sistema educativo para compensarlas.

La dimensión digital agrega una nueva dificultad

PISA 2025 incorpora un componente especialmente relevante para el presente: la relación entre educación, dispositivos digitales e inteligencia artificial. Argentina presenta uno de los niveles más bajos de preparación para el aprendizaje digital entre los países participantes: su índice fue de -1,11, ubicándose entre los últimos puestos de los sistemas analizados.  Al mismo tiempo, el 55,4% de los estudiantes argentinos afirmó que los alumnos se distraen utilizando recursos digitales durante la mayoría o todas las clases de Ciencias. Es uno de los porcentajes más elevados entre los países con información disponible.

La paradoja es evidente: la tecnología está cada vez más presente en la vida de los estudiantes, pero eso no significa automáticamente que exista una apropiación pedagógica de esa tecnología.

La inteligencia artificial llega a las aulas

PISA 2025 incorpora además información sobre el uso de inteligencia artificial para tareas escolares. El índice de utilización de IA en Argentina alcanzó 0,24, por encima del promedio de la OCDE, que se toma como 0. El 60,7% de los estudiantes argentinos afirmó que aprendió en clase a evaluar información generada por inteligencia artificial, porcentaje cercano al promedio de la OCDE, de 62,6%.

Pero aparece una desigualdad significativa: la diferencia en el uso de IA para actividades escolares entre estudiantes de escuelas socioeconómicamente favorecidas y desfavorecidas fue una de las más amplias entre los países con datos disponibles. Argentina ocupó el cuarto lugar entre 63 sistemas en esa brecha.

Esto plantea una cuestión decisiva para las políticas educativas: la inteligencia artificial puede convertirse tanto en una herramienta de democratización del conocimiento como en un nuevo mecanismo de reproducción de desigualdades. No alcanza con que los estudiantes tengan acceso a una herramienta de IA, también necesitan docentes formados, criterios de evaluación, alfabetización digital y capacidad crítica para distinguir información válida de información falsa o sesgada.

Ciencias: una preocupación particular

Que Ciencias haya sido el área principal de PISA 2025 permite observar un problema que va más allá de los contenidos escolares. El desafío científico contemporáneo exige comprender fenómenos, interpretar evidencias, formular preguntas, evaluar explicaciones y tomar decisiones fundamentadas. Sin embargo, solamente el 0,7% de los estudiantes argentinos alcanzó los niveles 5 o 6 de Ciencias, mientras que el promedio de la OCDE fue del 7,2%.

La distancia es significativa y plantea interrogantes sobre la capacidad del sistema educativo para formar estudiantes capaces de desenvolverse en sociedades atravesadas por la ciencia, la tecnología, la crisis ambiental y la inteligencia artificial.

Un dato que invita a mirar también las fortalezas

El 79% de los estudiantes argentinos manifestó sentirse perteneciente a su escuela, porcentaje superior al promedio de la OCDE, de 76,2%. Además, el 69,4% dijo que le gusta aprender cosas nuevas en la escuela y el 71,1% señaló que le interesa saber cómo funcionan las cosas.  Estos datos son importantes porque muestran que el deterioro de los aprendizajes no necesariamente implica un rechazo generalizado hacia la escuela.

Existe allí un capital pedagógico que las políticas educativas podrían aprovechar: la curiosidad, el sentido de pertenencia y el deseo de aprender todavía están presentes en una parte importante de los estudiantes. Los resultados de PISA 2025 muestran que la escuela argentina enfrenta una doble transformación. Por un lado, debe recuperar aprendizajes básicos: leer comprensivamente, resolver problemas matemáticos y comprender científicamente el mundo. Por otro, tiene que enseñar en un contexto completamente diferente al de hace una década: estudiantes atravesados por plataformas digitales, redes sociales, algoritmos e inteligencia artificial.

El desafío no consiste simplemente en incorporar más tecnología. De hecho, PISA muestra que el uso intensivo de dispositivos puede convivir con bajos desempeños y distracción escolar.  La cuestión central es pedagógica: qué hacemos con la tecnología, para qué la utilizamos y qué capacidades queremos desarrollar en los estudiantes.

Los resultados de PISA no deberían ser interpretados exclusivamente como una competencia internacional entre países. Son, sobre todo, un indicador de las capacidades que los estudiantes están desarrollando para enfrentar problemas de la vida real. En el caso argentino, la señal es contundente: 393 puntos en Ciencias, 367 en Matemática y 389 en Lectura, todos por debajo de los respectivos promedios de la OCDE. Y en las tres áreas se produjo una caída respecto de 2022.

La discusión que se abre ahora no debería reducirse a buscar responsables individuales —docentes, estudiantes o familias—. El problema requiere mirar el sistema educativo en su conjunto: formación docente, condiciones laborales, organización escolar, políticas curriculares, desigualdad social, infraestructura, alfabetización inicial, enseñanza de Matemática y Ciencias, lectura, tecnología e inteligencia artificial.

PISA 2025 ofrece una fotografía preocupante. La responsabilidad de la política educativa es transformar esa fotografía en un diagnóstico y, sobre todo, en un plan de recuperación de los aprendizajes. Porque detrás de cada punto perdido no hay solamente una estadística internacional: hay un adolescente que está adquiriendo —o no— las herramientas intelectuales que necesitará para continuar estudiando, trabajar, participar democráticamente y comprender el mundo que le toca vivir.

Fuentes verificadas

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