
PISA 2025: entre la alarma y la oportunidad de reconstruir los aprendizajes
Los resultados de PISA 2025 volvieron a encender las alarmas sobre la educación argentina. Matemática, Lectura y Ciencias registraron retrocesos respecto de 2022 y quedaron por debajo de los promedios de la OCDE. Pero detrás de los números aparece una discusión más profunda: cómo recuperar los aprendizajes, fortalecer la tarea docente, mejorar las condiciones escolares y enfrentar el impacto de las pantallas y la inteligencia artificial sin renunciar al pensamiento crítico.
Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, ofrecen un diagnóstico preocupante para la Argentina. El país obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias. En las tres áreas los resultados fueron inferiores a los registrados en 2022 y también se ubicaron por debajo de los valores de 2018.
El dato más crítico aparece en Matemática: solamente el 24% de los estudiantes argentinos alcanzó al menos el nivel 2 de desempeño, considerado el umbral mínimo de competencia, frente al 65% del promedio de la OCDE. En Lectura llegó a ese nivel el 40% y en Ciencias el 41%. La evaluación alcanzó a 11.093 estudiantes de 412 escuelas argentinas, representativos de unos 609.100 adolescentes de 15 años. La OCDE confirmó que los datos argentinos cumplieron con sus estándares de calidad y son aptos para ser informados.
Una crisis que no empezó ayer
Los resultados no pueden atribuirse a una sola gestión política ni explicarse exclusivamente por la pandemia. La propia serie histórica de PISA muestra dificultades acumuladas durante años.
Sin embargo, el nuevo informe introduce un dato particularmente inquietante: entre 2022 y 2025 aumentó la distancia entre los estudiantes de mejores y peores desempeños en Matemática y Ciencias. Es decir, además de caer el promedio, la desigualdad interna de los aprendizajes se profundizó en algunas áreas. El diagnóstico también debe ser colocado dentro de una crisis regional. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, elaborado por Elena Arias Ortiz, Cecilia Giambruno, Pablo Zoido y otros especialistas, señala que en América Latina casi seis de cada diez estudiantes no alcanzan las competencias básicas en Lectura y Ciencias y aproximadamente ocho de cada diez no lo hacen en Matemática. Por lo tanto, Argentina enfrenta simultáneamente un problema nacional y una crisis educativa regional.
Laura Lewin: "son alarmas que vienen sonando hace rato"
La especialista en educación Laura Lewin consideró que los resultados no deberían sorprender. "Son alarmas que vienen sonando hace rato", sostuvo al analizar PISA 2025. Para Lewin, el problema no debe observarse únicamente desde el rendimiento de los estudiantes. Hay que mirar el sistema educativo en su conjunto, incluyendo las condiciones en las que trabajan los docentes y las formas en que aprenden los alumnos.
Una de sus advertencias apunta a la acumulación de dificultades durante las trayectorias escolares. Si los aprendizajes fundamentales no se consolidan en los primeros años, posteriormente resulta mucho más difícil compensarlos. La especialista propone, en consecuencia, intervenir tempranamente, recuperar hábitos de estudio y fortalecer el proceso de aprendizaje. Su planteo incluye volver a trabajar con borradores, escritura en el aula, defensa oral y explicación de los procedimientos utilizados por los estudiantes. La idea es desplazar el centro de la enseñanza desde la respuesta rápida hacia la construcción del conocimiento.
El aula también importa
Uno de los aportes de Lewin al debate es colocar el clima escolar en el centro de la discusión. PISA 2025 muestra que el 58% de los estudiantes argentinos afirma que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas las clases de Ciencias, mientras que el promedio de la OCDE es del 31%. Además, el 47% señala que sus compañeros no escuchan al docente. Para Lewin, no se trata de volver a modelos autoritarios, sino de reconstruir condiciones mínimas para aprender: atención, concentración, respeto, esfuerzo y responsabilidad. "Hay que volver a un aula donde se pueda pensar y no zafar", planteó la especialista, defendiendo la necesidad de recuperar el rigor académico sin perder la dimensión humana de la escuela.
El desafío docente
La crisis de los aprendizajes también obliga a discutir la situación de quienes enseñan. Desde CIPPEC, Esteban Torre, director del programa de Educación, y otros investigadores vienen colocando el fortalecimiento de la profesión docente entre las condiciones centrales para mejorar los aprendizajes. La institución sostiene que jerarquizar y acompañar a quienes enseñan constituye una base indispensable para que cada estudiante pueda desarrollar sus capacidades.
Esta perspectiva resulta particularmente relevante frente a los resultados de PISA: no parece razonable exigir mejores aprendizajes sin discutir simultáneamente formación inicial, formación continua, carrera docente, condiciones laborales, liderazgo directivo y tiempo institucional para planificar y evaluar. La mejora educativa no puede descansar exclusivamente sobre el esfuerzo individual del docente.
Del dato a la acción
Otro de los desafíos consiste en dejar de utilizar las evaluaciones únicamente para producir rankings. CIPPEC plantea que las evaluaciones nacionales e internacionales deberían convertirse en insumos para la toma de decisiones de escuelas y ministerios. El desafío es construir un sistema capaz de transformar los datos en intervenciones pedagógicas concretas.
En otras palabras: evaluar → detectar el problema → intervenir → acompañar → volver a evaluar. Ese circuito debería funcionar especialmente en alfabetización, Matemática y Ciencias. La evaluación deja entonces de ser una fotografía para convertirse en una herramienta de política educativa.

La inteligencia artificial: problema y oportunidad
PISA 2025 incorpora una dimensión que modifica sustancialmente el debate: el aprendizaje en el mundo digital. La evaluación no solo midió Ciencias, Matemática y Lectura. También incorporó la capacidad de resolver problemas computacionales y analizó aspectos vinculados con el aprendizaje en entornos digitales. Esto obliga a abandonar dos posiciones simplistas: ni prohibir la tecnología como respuesta automática ni aceptar que toda innovación tecnológica equivale a innovación pedagógica.
La propia especialista Laura Lewin advierte que la inteligencia artificial agrega un nuevo desafío porque puede favorecer respuestas inmediatas sin necesariamente producir aprendizaje. Por eso propone modificar las prácticas: pedir explicaciones, fundamentaciones, defensa oral y reconstrucción del proceso mediante el cual el estudiante llegó a una respuesta. Esta perspectiva resulta especialmente importante en un escenario donde la IA puede producir textos, resolver problemas, resumir libros y responder preguntas en segundos.
El desafío de la escuela ya no es solamente enseñar contenidos. Es enseñar qué hacer con el conocimiento cuando una máquina puede producir una respuesta inmediatamente.
Recuperar la lectura, pero también el pensamiento
La caída en Lectura constituye otro de los puntos críticos. Solo cuatro de cada diez estudiantes argentinos alcanzaron el nivel mínimo de competencia lectora en PISA 2025. Apenas el 1% alcanzó el nivel 5 o superior. Lewin relaciona esta situación con la pérdida de hábitos de lectura y con la dificultad creciente para sostener la atención. Su propuesta incluye recuperar la lectura extensa, la escritura en clase y la defensa oral de las producciones. La cuestión no consiste solamente en leer más libros. Se trata de recuperar una relación con la lectura que permita comprender, interpretar, comparar, argumentar y distinguir información de opinión. En una sociedad saturada de información, leer deja de ser solamente una habilidad escolar para convertirse en una condición de ciudadanía.
Una política educativa que sobreviva a los gobiernos
Quizás la principal coincidencia que puede extraerse de estas diferentes miradas sea la necesidad de construir una política educativa de largo plazo. Laura Lewin ya había planteado que la educación debe convertirse en una prioridad nacional sostenida más allá de los gobiernos de turno, con objetivos claros, indicadores y financiamiento constante. CIPPEC, por su parte, viene insistiendo en la necesidad de fortalecer la profesión docente, acompañar las trayectorias y utilizar mejor la información disponible para orientar las políticas públicas. El BID, a partir de los resultados regionales, muestra que el problema excede a la Argentina y requiere políticas capaces de elevar simultáneamente calidad y equidad. No hay una solución rápida para una crisis acumulada durante años.
Acciones
Los especialistas y los datos permiten identificar algunas prioridades:
Primero, garantizar alfabetización y comprensión lectora desde los primeros años.
Segundo, desarrollar una política nacional de recuperación de Matemática basada en razonamiento y resolución de problemas.
Tercero, fortalecer la enseñanza de Ciencias mediante experimentación, investigación y pensamiento basado en evidencias.
Cuarto, jerarquizar la profesión docente mediante mejores condiciones de trabajo, formación y acompañamiento.
Quinto, utilizar las evaluaciones para intervenir tempranamente sobre las dificultades.
Sexto, reconstruir ambientes escolares donde sea posible concentrarse, dialogar, leer, escribir y pensar.
Séptimo, desarrollar una alfabetización digital y en inteligencia artificial que priorice pensamiento crítico, verificación y producción propia.
Octavo, sostener las políticas educativas durante períodos suficientemente largos como para evaluar sus resultados.
La pregunta que queda abierta
PISA 2025 ofrece una señal de alarma, pero también una oportunidad. El peor error sería transformar los resultados en una disputa política entre gobiernos, sindicatos, docentes, familias o estudiantes. La educación argentina necesita una discusión más profunda. La pregunta fundamental no debería ser solamente quién tiene la culpa de los malos resultados, sino qué condiciones necesitamos construir para que los estudiantes aprendan más y mejor.
Los datos son contundentes: Argentina retrocedió en Matemática, Lectura y Ciencias y amplió algunas de sus brechas internas. Pero los datos también muestran que la transformación es posible si se interviene sobre los factores que efectivamente inciden en el aprendizaje. La tarea consiste en pasar de la alarma a la acción.
Porque una política educativa verdaderamente transformadora no debería tener como objetivo mejorar solamente el próximo resultado PISA. Debería lograr algo mucho más importante: que cada estudiante, independientemente de su origen social, pueda leer para comprender, escribir para pensar, hacer Matemática para resolver problemas, aprender Ciencias para interpretar el mundo y utilizar la tecnología sin permitir que la tecnología piense por él.




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