Sergio Quiroga llevará a la UPrO una mirada crítica sobre la inteligencia artificial y la “megamáquina educativa”

El docente e investigador expondrá el 24 de septiembre en Villa Mercedes, en el marco del Congreso Nacional de Formación de Oficios. Su propuesta cuestiona la incorporación acrítica de tecnologías digitales en la educación y plantea la necesidad de recuperar una perspectiva pedagógica, laboral y política sobre la tecnología.
Actualidad03/09/2026

La Universidad Provincial de Oficios (UPrO) será escenario, entre el 23 y el 25 de septiembre, del Congreso Nacional de Formación de Oficios, un encuentro que reunirá a distintos actores vinculados con la educación, la formación profesional y el mundo del trabajo.
En ese marco, el 24 de septiembre, Sergio Quiroga presentará una perspectiva deliberadamente incómoda frente a uno de los grandes consensos contemporáneos: la idea de que la incorporación de inteligencia artificial y plataformas digitales constituye, por sí misma, un proceso inevitable y necesariamente beneficioso para la educación.

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Sergio Quiroga


El escritor mercedino parte de una expresión provocadora: “la megamáquina educativa” (Jarquin Ramirez, 2026) como aquel dispositivo que que busca describir un entramado en el que confluyen grandes empresas tecnológicas, startups, plataformas educativas, intermediarios, gobiernos, burocracias y discursos sobre innovación. No se trata segun Quiroga -  simplemente de nuevas herramientas para enseñar, sino de una estructura de poder capaz de modificar las formas de producir, distribuir y valorar el conocimiento.

Se pregunta  ¿Quién diseña la tecnología educativa, con qué intereses, bajo qué relaciones de poder y qué tipo de educación produce? La mirada de Quiroga busca recuperar una enseñanza histórica del ludismo. Los trabajadores luditas de la Revolución Industrial no fueron, en sentido estricto, enemigos irracionales de las máquinas, su conflicto estaba relacionado con el uso de determinadas tecnologías dentro de relaciones laborales que deterioraban sus condiciones de vida, su autonomía y su dignidad. El problema no es la inteligencia artificial en abstracto, sino el modo en que es incorporada dentro de determinadas relaciones económicas, educativas y laborales.
Quiroga señala que "es necesario preguntarse quién la controla, quién obtiene los beneficios, quién asume los costos y qué transformaciones produce sobre el trabajo y sobre las capacidades humanas y utiliza la categoría de expropiación cognitiva" para referirse a un proceso mediante el cual determinadas capacidades intelectuales —leer, escribir, investigar, comparar, argumentar, resolver problemas y producir conocimiento— pueden ser progresivamente desplazadas hacia sistemas algorítmicos. El riesgo educativo asiente el educador, aparece cuando la herramienta deja de ser un apoyo para el pensamiento y comienza a sustituir el propio proceso de pensar. Si una estudiante puede obtener inmediatamente una respuesta elaborada sin atravesar el proceso de búsqueda, lectura, selección, escritura y revisión, el problema pedagógico ya no consiste únicamente en detectar si utilizó inteligencia artificial para realizar una tarea".
El docente de Villa Mercedes asegura que la velocidad de producción de respuestas puede terminar enfrentándose con una de las condiciones fundamentales del aprendizaje: el tiempo necesario para comprender y propone revisar críticamente el proceso de digitalización educativa acelerado durante la pandemia.

Debemos recordar que la emergencia sanitaria obligó a trasladar buena parte de las actividades escolares hacia plataformas digitales y aquella situación excepcional permitió resolver problemas concretos de continuidad pedagógica, pero también produjo una expansión extraordinaria del mercado EdTech y de las grandes plataformas tecnológicas dentro de los sistemas educativos agregó Quiroga.
La digitalización fue una respuesta pedagógica ante una emergencia: pero significó una gigantesca expansión de mercados, infraestructuras, plataformas, servicios y mecanismos de recopilación de datos. La escuela comenzó a desarrollar una nueva actividad económica que pocas veces aparece en las discusiones tradicionales sobre el trabajo docente: producir información aseguró el escritor.

"Hoy sabemos que cada vez que docentes y estudiantes utilizan plataformas, escriben, responden actividades, realizan evaluaciones, interactúan con sistemas automatizados o generan contenidos digitales, producen también grandes volúmenes de información. Aunque ese trabajo no sea reconocido como una actividad productiva, puede alimentar sistemas de análisis, perfiles algorítmicos y procesos de entrenamiento de inteligencia artificial. La metáfora de la escuela como “nueva fábrica” resulta entonces deliberadamente provocadora. La producción ya no estaría limitada a bienes materiales, también puede consistir en datos, comportamientos, interacciones y conocimiento susceptible de ser procesado y valorizado. La pregunta que surge es inevitable: si la actividad educativa genera valor económico para plataformas y empresas tecnológicas, ¿Quién se apropia de ese valor?" reflexiono el educador.

Nada es inocente dijo Quiroga. "Otro aspecto de la crítica se dirige contra una de las metáforas más difundidas de la era digital: “la nube”. La expresión sugiere algo abstracto, liviano e inmaterial. Sin embargo, detrás de cada plataforma existen centros de datos, servidores, redes de telecomunicaciones, cables, edificios, sistemas de refrigeración y enormes consumos energéticos".

El debate educativo - afirmo Quiroga - no debería quedar reducido a las posibilidades didácticas de una aplicación sin preguntarse también por la energía, el agua, los minerales, las condiciones laborales y los impactos ambientales asociados con esa infraestructura. En contextos de restricciones presupuestarias, reducción de recursos o dificultades para garantizar determinadas prestaciones educativas, la inteligencia artificial puede comenzar a presentarse como una solución aparentemente eficiente: automatizar procesos, reducir tareas, personalizar aprendizajes y, en determinados discursos, incluso compensar la ausencia de docentes o especialistas. El problema aparece cuando la tecnología deja de ser utilizada para potenciar el trabajo humano y comienza a presentarse como argumento para reducirlo.

La pregunta que plantea Quiroga puede formularse de manera sencilla: ¿la inteligencia artificial llegará para ampliar las capacidades de los docentes o para justificar que se necesitan menos docentes? La respuesta depende de las decisiones políticas y sociales que acompañen su incorporación. Frente a este escenario, la propuesta de una “pedagogía ludita implica recuperar la capacidad colectiva de discutir sus condiciones de utilización. Una pedagogía ludita es aquella que se resiste a aceptar como inevitable aquello que se presenta como inevitable. No rechaza la innovación, pero tampoco acepta que toda innovación sea necesariamente progreso.

"Su horizonte es una educación donde la tecnología permanezca subordinada a finalidades pedagógicas y sociales, y no donde la pedagogía termine adaptándose a las necesidades comerciales de las plataformas. En este sentido, la propuesta reivindica la autonomía docente, la lectura profunda, la escritura, la creatividad, la interacción humana y el pensamiento crítico como capacidades que no deberían ser sacrificadas en nombre de la velocidad o de la eficiencia" afirmo Quiroga.

Los oficios del presente y del futuro no pueden pensarse únicamente desde las competencias técnicas que demanda el mercado. También es necesario discutir qué capacidades humanas deben preservarse en una sociedad crecientemente automatizada. Formar para el trabajo no debería equivaler a formar exclusivamente para adaptarse a las tecnologías disponibles. También significa formar sujetos capaces de comprenderlas, cuestionarlas, modificarlas y decidir colectivamente para qué utilizarlas. La intervención de Sergio Quiroga en Villa Mercedes se inscribe, de este modo, en una discusión que excede ampliamente el aula. Su planteo coloca en el centro una tensión decisiva de nuestro tiempo: mientras las grandes corporaciones tecnológicas presentan la inteligencia artificial como una revolución inevitable, la educación debe preguntarse si quiere ser simplemente mercado para esas tecnologías o espacio democrático desde el cual discutir su sentido. La cuestión no es estar a favor o en contra de las máquinas. La cuestión es que hacemos nosotros con ellas.

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