Inteligencia artificial: San Luis debate qué futuro del trabajo quiere construir

El desafío es decidir quiénes decidirán cómo se incorpora al trabajo, la producción y las instituciones
Actualidad06/10/2026

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa tecnológica para convertirse en una cuestión política, económica, laboral y social. En San Luis, esa discusión comenzó a adquirir una dimensión propia. El Primer Encuentro Provincial “Inteligencia Artificial, Trabajo y Producción”, realizado el 27 de agosto de 2026 en Villa Mercedes, puso en el centro una pregunta que excede ampliamente el funcionamiento de los algoritmos: ¿qué sociedad quiere construir la provincia en una etapa de transformación tecnológica acelerada?

Organizado por la Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de San Luis, la Fundación Friedrich Ebert Argentina, CEATRA, la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Católica de Cuyo —Sede San Luis— y Banco Hipotecario, el encuentro reunió distintas perspectivas para analizar una transformación que, según la declaración final, posee una dimensión histórica comparable con los grandes cambios tecnológicos que modificaron el mundo laboral durante el siglo XX. Pero la conclusión central del encuentro fue particularmente significativa: la tecnología no determina por sí misma el futuro. La manera en que la inteligencia artificial afectará al empleo, los salarios, la productividad, las relaciones laborales y las instituciones dependerá de decisiones políticas, económicas y sociales. El diseño de los sistemas, las políticas públicas, la negociación colectiva y las formas de gestión serán determinantes para establecer si la productividad obtenida mediante IA mejora las condiciones de vida o profundiza las desigualdades existentes.

La IA no es solamente una cuestión tecnológica

Durante mucho tiempo, el debate sobre inteligencia artificial estuvo dominado por una mirada tecnológica: qué puede hacer una máquina, qué tareas puede automatizar o qué profesiones podrían desaparecer. La discusión desarrollada en Villa Mercedes propuso desplazar esa mirada.

La declaración sostiene que el problema debe comprenderse como una mutación de las formas de trabajo, representación e identidad colectiva heredadas del capitalismo industrial y del Estado de Bienestar. La gestión algorítmica, la expansión de las plataformas digitales y la creciente dificultad para distinguir entre formalidad e informalidad laboral configuran un escenario que requiere nuevas respuestas institucionales. La pregunta, entonces, cambia. Ya no se trata simplemente de preguntarse cuándo llegará la inteligencia artificial o cuántos puestos de trabajo serán automatizados. El interrogante fundamental es cómo se gobernará esa transformación.

Esta perspectiva resulta especialmente relevante para una provincia como San Luis. La incorporación de tecnologías de inteligencia artificial puede generar oportunidades productivas, mejorar procesos administrativos, potenciar empresas y ampliar capacidades profesionales. Pero también puede producir nuevas desigualdades si las personas, empresas e instituciones no cuentan con las capacidades necesarias para comprender, utilizar y evaluar esas tecnologías. El futuro tecnológico, en consecuencia, no debería ser pensado como un destino inevitable. Es, en buena medida, un territorio de decisiones.

Uno de los consensos más importantes alcanzados durante el encuentro fue la necesidad de preservar el criterio humano. La inteligencia artificial puede procesar grandes cantidades de información, reconocer patrones y generar alternativas, pero la interpretación, la decisión y la responsabilidad continúan siendo humanas. Esta distinción adquiere particular importancia cuando los sistemas de IA comienzan a intervenir en decisiones que afectan derechos. Una respuesta producida por una herramienta puede ser convincente, estar correctamente redactada o presentar una elevada probabilidad estadística y, sin embargo, ser incorrecta.

Por eso, la verdadera brecha digital del futuro podría no estar solamente relacionada con el acceso a una computadora, una plataforma o un modelo de inteligencia artificial. La diferencia decisiva podría ser cognitiva: quién tiene capacidad para formular problemas, construir buenas preguntas, verificar resultados, detectar errores y contextualizar las respuestas producidas por una máquina. La alfabetización en inteligencia artificial, desde esta perspectiva, no puede reducirse a enseñar a utilizar herramientas. Implica desarrollar capacidades de análisis, evaluación, pensamiento crítico y responsabilidad. La cuestión ética tampoco puede aparecer después de que la tecnología ya fue diseñada. Según las conclusiones del encuentro, decidir qué se automatiza, qué límites se establecen y para qué objetivos se utiliza una tecnología debe formar parte del proceso de diseño desde el comienzo.

Una tecnología puede incluir, pero también excluir

Otro de los ejes planteados en Villa Mercedes fue el de la accesibilidad. La inclusión, advierte el documento, no aparece automáticamente porque una tecnología sea nueva o esté disponible. La accesibilidad debe ser incorporada desde el diseño: en las contrataciones públicas, en los pliegos, en el desarrollo de sistemas, en su implementación y en su evaluación. Cuando un servicio automatizado pueda generar una barrera, deben existir alternativas humanas. Esta perspectiva coloca a determinados colectivos en un lugar diferente. Las personas con discapacidad, las comunidades rurales y otros grupos históricamente alejados de determinados procesos tecnológicos no deberían ser considerados solamente como usuarios o destinatarios de soluciones diseñadas por terceros. También pueden producir conocimiento. El planteo es relevante porque modifica la lógica tradicional de la innovación tecnológica. No alcanza con diseñar una solución y posteriormente preguntar a los usuarios si funciona. La participación debe comenzar desde la identificación del problema. En otras palabras, la innovación no debería construirse solamente para las personas, sino también con las personas.

El futuro del trabajo no es solamente una cuestión de empleo

Uno de los debates más recurrentes alrededor de la inteligencia artificial es la posibilidad de una destrucción masiva de puestos de trabajo. Sin embargo, las conclusiones del encuentro provincial introducen una mirada más compleja: el principal fenómeno esperado sería la transformación de tareas y puestos, más que su desaparición inmediata y generalizada.

Esto no significa que no existan riesgos. La brecha digital puede profundizarse; mujeres, adultos mayores y otros colectivos pueden enfrentar mayores dificultades de inserción; los algoritmos pueden reproducir sesgos históricos en procesos de selección o promoción; y las métricas de productividad pueden terminar ignorando dimensiones fundamentales de la vida laboral, como las tareas de cuidado. Aquí aparece una tensión central: una organización puede volverse más eficiente y, al mismo tiempo, producir condiciones laborales más deshumanizadas. La discusión sobre productividad no puede separarse entonces de la discusión sobre dignidad.

El documento plantea una advertencia particularmente significativa frente al denominado eficientismo digital: el valor de una persona no puede depender exclusivamente de su velocidad de producción. El cansancio, la fragilidad y las necesidades humanas no son necesariamente defectos que una tecnología deba corregir. La pregunta fundamental sería otra: ¿esta tecnología contribuye realmente a construir una vida más humana y digna?

La negociación colectiva frente al poder de los algoritmos

Si la inteligencia artificial modifica la organización del trabajo, también deberá modificar las herramientas mediante las cuales trabajadores y empleadores negocian esas transformaciones. La declaración propone fortalecer la negociación colectiva mediante nuevas capacidades: incorporar conocimiento especializado sobre IA, crear mecanismos de seguimiento de algoritmos, realizar revisiones periódicas para detectar sesgos, exigir una gobernanza diversa de los datos y garantizar que las decisiones que afectan a trabajadores puedan ser tomadas o revisadas por una persona.

El planteo es importante porque introduce una discusión sobre el poder. Un algoritmo puede aparecer como una herramienta aparentemente neutral. Pero detrás de cada sistema existen decisiones humanas: quién lo diseñó, con qué datos fue entrenado, qué objetivos persigue, qué variables considera relevantes y qué consecuencias produce. Por eso, discutir inteligencia artificial en el mundo laboral también significa discutir quién controla los datos, quién define los indicadores de productividad y quién puede cuestionar una decisión automatizada.

San Luis necesita saber dónde está parada

Quizás uno de los planteos más concretos de la declaración sea la necesidad de construir una línea de base provincial sobre inteligencia artificial. Antes de definir grandes políticas públicas o realizar inversiones, San Luis necesita conocer qué está sucediendo efectivamente en su territorio: qué empresas y organismos utilizan IA, qué procesos están digitalizados, qué actividades pueden ser automatizadas, cuál es la calidad de los datos disponibles, qué capacidades tienen los trabajadores, qué investigaciones universitarias existen y cuáles son las principales barreras y oportunidades. Sin ese diagnóstico, cualquier política corre el riesgo de construirse sobre percepciones generales. La inteligencia artificial también necesita estadísticas, investigación y conocimiento situado.

En ese sentido, el encuentro propuso avanzar hacia un espacio o laboratorio provincial de inteligencia artificial responsable e inclusiva, capaz de identificar problemas concretos, reunir equipos interdisciplinarios, desarrollar pequeños prototipos y evaluar sus impactos antes de avanzar hacia soluciones de mayor escala. La propuesta contiene una idea estratégica: San Luis no debería limitarse a comprar tecnología producida en otros lugares. También necesita desarrollar capacidad para seleccionarla, evaluarla, adaptarla, gobernarla y, cuando sea posible, producirla.

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Universidad, Estado, empresas y trabajadores: una agenda común

La última conclusión del encuentro probablemente sea la más importante desde una perspectiva de política pública: ningún actor puede enfrentar individualmente la transformación que produce la inteligencia artificial. La Universidad aporta conocimiento e investigación; el Estado puede establecer reglas, infraestructura y políticas; las empresas poseen capacidad productiva e inversión; y los trabajadores aportan experiencia y conocimiento situado sobre los procesos laborales. La articulación entre estos actores no debería ser solamente una convocatoria ocasional para debatir sobre tecnología. Debería convertirse en una política permanente de desarrollo provincial.

En este esquema, la Universidad adquiere un papel estratégico. No debería limitarse a convertirse en una usuaria de herramientas de inteligencia artificial, sino participar en la construcción de capacidades tecnológicas, formar profesionales, producir conocimiento y desarrollar mecanismos independientes de evaluación. La discusión sobre inteligencia artificial suele formularse como una pregunta tecnológica: ¿qué será capaz de hacer la máquina? El encuentro provincial de Villa Mercedes propone formular una pregunta diferente: ¿qué queremos que haga la tecnología con nuestra sociedad? Una provincia puede adoptar inteligencia artificial para acelerar procesos, reducir costos y aumentar la productividad. Pero también puede utilizarla para mejorar servicios públicos, ampliar derechos, democratizar conocimientos, fortalecer capacidades productivas y mejorar las condiciones laborales. Ambos caminos son tecnológicamente posibles. Lo que cambia es la decisión política.

La inteligencia artificial no llega a un territorio vacío. Llega a sociedades con desigualdades, instituciones, trabajadores, empresas, universidades, derechos y conflictos. Por eso, su impacto dependerá menos de la fascinación por la herramienta que de la capacidad colectiva para gobernarla. San Luis tiene ahora una tarea concreta: dejar de preguntarse solamente qué puede hacer la inteligencia artificial y comenzar a discutir qué modelo de trabajo, producción y sociedad quiere construir con ella. Ese puede ser el verdadero desafío de la próxima etapa tecnológica.

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