
El gobernador de San Luis, Claudio Poggi, presentó un paquete de medidas para la formación docente: entrega de computadoras, un congreso internacional, concursos para cargos directivos y premios al mérito. Son avances necesarios, pero una mirada profunda advertiría que, sin políticas complementarias, el impacto podría diluirse en el día a día del aula.
Hace pocos días, el mandatario sanluiseño detalló un plan ambicioso: cada docente de la provincia recibirá una computadora portátil, se realizará un Congreso Internacional de Experiencias Educativas, se abrirán concursos abiertos para cubrir cargos directivos y se entregarán premios al mérito con viajes al exterior. En líneas generales, la iniciativa apunta a tres frentes críticos de la educación argentina: infraestructura tecnológica, actualización académica y jerarquización de la carrera docente. Sin embargo, estas medidas, aunque positivas, necesitan ser complementadas para evitar que se conviertan en acciones aisladas de alto voltaje mediático pero bajo impacto real en las escuelas. Sin embargo se ha omitido las bajas remuneraciones de los docentes en particular y empleados públicos en general. Si la educación no es jerarquizada, todo proceso de mejora sustancial, puede fracasar. Es imprescindible una actualización sensible de los salarios de los educadores.

Computadoras sin acompañamiento
La entrega de equipos tecnológicos no es nueva en el país. Programas como Conectar Igualdad demostraron que la herramienta, por sí sola, no transforma las prácticas de enseñanza.. Por eso, una de las medidas complementarias urgentes sería la implementación de mentorías entre pares: docentes pioneros que acompañen a sus colegas en la planificación real de clases con tecnología, dentro del horario escolar. También urge la necesidad de crear comunidades de aprendizaje profesional semanales o quincenales, donde los maestros compartan problemas y soluciones de su propia práctica, y no solo asistan a eventos puntuales como el anunciado congreso.
Concursos para directivos
El concurso abierto para cargos directivos es una demanda histórica del gremio docente. Permite que el ascenso sea por mérito y no por acomodo. Pero allí no termina el problema. Los directores y vicerrectores que resulten seleccionados deberán luego liderar equipos docentes en contextos cada vez más complejos: violencia escolar, familias ausentes, burocracia excesiva y ahora, además, integración de tecnologías. Por eso, vale la pena proponer un programa obligatorio de inducción para los nuevos directivos, con mentoría de directores experimentados durante todo su primer año de gestión. También sería clave una formación específica en liderazgo pedagógico y gestión de conflictos, materias que no se evalúan en un concurso tradicional. La formación profesional de los directivos debe alcanzar a todos los formatos escolares y la aprobación de los postítulos en los Institutos de Formación Docente debería ser otro de los requisitos para los gestores de las escuelas autogestionadas.
El congreso internacional y el premio al mérito
Un congreso internacional motiva, visibiliza experiencias y conecta con expertos, pero dura tres o cuatro días. El premio al mérito, con un viaje al exterior, es un incentivo poderoso, pero solo alcanza a una mínima élite docente. Los educadores necesitan estímulos cotidianos, la innovación debe ser retribuida.
Entre las alternativas que se mencionan como complementarias aparecen:
Micro-certificaciones pagas en temas específicos demandados por los propios docentes en temas como neurociencias, evaluación por competencias, alfabetización inicial, que acumulen puntaje escalafonario.
Licencias con goce de sueldo para realizar maestrías o doctorados, con compromiso de retorno al sistema provincial.
Reducción de horas cátedra para docentes que desarrollen proyectos de innovación pedagógica, permitiéndoles dedicar tiempo a sistematizar su experiencia sin perder salario.
El tiempo institucional
La queja más repetida entre los docentes argentinos no es la falta de capacitación, sino la falta de tiempo para aplicarla. Con jornadas saturadas de horas frente a alumnos, múltiples cargos y burocracia, cualquier nueva formación choca con una realidad implacable. Sin una modificación que garantice horas pagas dentro del horario laboral para la investigación, el trabajo colaborativo entre pares y la planificación, las computadoras y los congresos terminarán engrosando la lista de buenas intenciones incumplidas. La verdadera formación profesional ocurre en el taller del día a día escolar.
San Luis tiene una oportunidad única. Solo sera aprovechada si logra articular el anuncio institucional con una ingeniería de formación situada, colaborativa y sostenida en el tiempo, podría convertirse en un modelo para el resto del país. Si no, el riesgo es tener docentes con diplomas, computadoras y las mismas prácticas de siempre.
Imagen de Pixabay




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