
Solo el 10% de las academias científicas financia sus políticas de igualdad de género
Actualidad14/02/2026
A pesar de que el 62% de las organizaciones científicas mundiales declaran tener políticas formales de equidad, un estudio histórico revela una brecha crítica entre el compromiso verbal y la inversión real. Las mujeres, que ya son mayoría en la educación superior, siguen perdiéndose en un «conducto con fugas» hacia el liderazgo.
Un informe de alcance global presentado el 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, ha destapado una verdad incómoda para las instituciones científicas: el compromiso con la igualdad de género es, en gran medida, un brindis al sol. El estudio, que analiza una década de datos, revela que mientras la retórica avanza, la financiación necesaria para el cambio real permanece estancada.
Según el informe "Hacia la Igualdad de Género en Organizaciones Científicas: Evaluación y Recomendaciones" (2025), elaborado conjuntamente por el Consejo Internacional de la Ciencia (ISC), la InterAcademy Partnership y el Comité Permanente para la Igualdad de Género en la Ciencia (SCGES), existe una desconexión flagrante entre las palabras y los hechos. Si bien un 62% de las academias científicas y un 64% de los sindicatos y uniones científicas afirman contar con políticas formales de igualdad de género, apenas un 10% de esas academias y un 30% de las uniones han destinado un presupuesto específico para implementarlas.
Los datos dibujan un panorama desalentador para las mujeres en la ciencia. Aunque el número de mujeres que accede a la educación superior (46%) ya supera al de hombres (40%), estas representan solo el 31% de la fuerza laboral científica mundial. El camino hacia los puestos de liderazgo, conocido como el "conducto con fugas" (leaky pipeline), sigue perdiendo talento femenino por el camino. En las academias nacionales de ciencias, las más prestigiosas, las mujeres apenas alcanzan el 19% de los miembros en 2025, una mejora muy gradual desde el 12% en 2015.
Uno de los hallazgos más preocupantes es el "déficit de confianza" en los sistemas internos. Las mujeres tienen 2,5 veces más probabilidades que los hombres de sufrir comportamientos excluyentes, pero desconfían profundamente de los mecanismos para denunciarlos. El estudio acuña el término "penalización por cuidados" para describir cómo las responsabilidades familiares lastran las carreras científicas de las mujeres. Estas tienen 4,5 veces más probabilidades que los hombres de perder oportunidades profesionales debido a dichas cargas. Para Nacache, la solución va más allá de la mera flexibilidad: "Los procesos de selección y los criterios de elegibilidad deben tener en cuenta los cuidados desde el principio, en lugar de basarse en acuerdos informales".
Asimismo, el informe alerta sobre los sesgos culturales que hacen "invisible" la excelencia femenina. Roy pone el ejemplo de la matemática Sophie Germain, que en el siglo XIX tuvo que estudiar bajo un pseudónimo masculino para ser reconocida por una parte de la comunidad, mientras la sociedad la ignoraba. "La definición de excelencia debe permanecer interna a la ciencia, pero los sesgos culturales sobre el rol de hombres y mujeres a menudo oscurecen los logros de ellas", advierte.
Un mensaje para las universidades y la próxima década
Las conclusiones del informe resuenan con estudios previos sobre liderazgo femenino en la educación superior, que muestran cómo las pausas en la carrera profesional y la exclusión de redes informales impiden el ascenso de las mujeres a rectores o altos cargos universitarios. Para las universidades, que a menudo miran a estas academias como espejos de excelencia, la lección es clara. Adoptar un protocolo de igualdad no basta.
La recomendación para los próximos años es tajante: la igualdad de género debe pasar de ser un esfuerzo simbólico o individual a una "responsabilidad institucional central". Esto implica integrarla en los sistemas de gobernanza, recopilación de datos y, fundamentalmente, en los presupuestos. El mensaje final del informe, presentado el 11 de febrero, es un llamamiento a la coherencia: la ciencia no puede proclamarse universal si sistemáticamente excluye o margina a la mitad de la humanidad.




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