El celular en el aula: ¿enemigo del aprendizaje o recurso sin explotar?

Sin estrategia docente, el dispositivo que sostuvo la educación en la pandemia se convierte en el mayor distractor del aula
17/02/2026
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Pixabay

Mariana tiene 14 años, cursa segundo año en una escuela pública de La Matanza y rara vez llega a clase sin su celular. Lo usa para buscar información, sacar fotos a la pizarra y, a veces, mandar mensajes a sus amigas cuando la clase le parece aburrida. Su situación no es excepcional: según datos de las pruebas PISA 2022, el 54% de los alumnos argentinos de 15 años declaró usar el celular todos los días dentro de la escuela, y el 91% contaba con un dispositivo propio con acceso a internet. Argentina está muy lejos de ser un caso aislado en el mapa global de esta tensión.

El fenómeno sacude a los sistemas educativos de todo el planeta. Según datos actualizados de la UNESCO al 25 de enero de 2025, un total de 79 países han implementado medidas para limitar el uso de celulares en las escuelas. Francia los prohibió en 2018. En 2023, el Reino Unido siguió el mismo camino. En Argentina, el debate se instaló con fuerza en varias provincias y generó resoluciones dispares: restricciones en algunas jurisdicciones, uso regulado en otras, y en muchos casos una política de facto donde cada docente negocia las reglas aula por aula.

La pandemia que lo cambió todo
Hay una paradoja difícil de ignorar. Durante el aislamiento de 2020 y 2021, el teléfono celular fue el principal sostén de la educación a distancia en el país. Millones de chicos siguieron clases por WhatsApp, accedieron a materiales a través del celular de sus padres y usaron plataformas educativas que antes nunca habían abierto. El dispositivo fue, durante meses, la escuela misma. Cuando se regresó a la presencialidad, ese mismo artefacto pasó a ser señalado como el principal enemigo de la concentración.

"La pregunta no es si el celular debe estar o no en el aula. Esa batalla ya está perdida, el celular ya está ahí", dijo el Dr. Pablo González Caino, investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la UADE, en una publicación reciente de la Asociación Educar para el Desarrollo Humano. "La pregunta real es cómo integrarlo con intencionalidad pedagógica."

"Cuanto más los estudiantes sienten que el celular les facilita tareas cognitivas, más lo integran en su aprendizaje."
 Castañeda Fuentes & Amezcua Kosterlitz, RIEIPD, 2025

Una investigación publicada en 2025 en la revista RIEIPD analizó a 298 estudiantes y 37 docentes de una escuela secundaria pública de México —contexto socioeconómico y educativo con muchos puntos en común con el argentino— y encontró que cuanto más los estudiantes sienten que el celular les facilita tareas cognitivas, más lo integran en su aprendizaje. El marco teórico utilizado fue la teoría de la mente extendida, que sostiene que las tecnologías pueden actuar como extensiones cognitivas del ser humano. Sin embargo, el estudio también concluyó que esa integración está lejos de aprovecharse al máximo, en gran parte por la falta de estrategias docentes claras.

La evidencia sobre las consecuencias negativas también es sólida. El análisis de los datos PISA 2022 encontró que la variabilidad en la distracción por el uso del celular se asocia con el 3,5% de la variabilidad en el rendimiento promedio en matemática. No es una causalidad directa, pero es una señal. Un estudio separado sobre estudiantes de preparatoria reportó que el 94% de los docentes participantes consideraba que el uso de los teléfonos afectaba el rendimiento académico. En Argentina, la sensación en las aulas es similar. La Dra. Verónica María del Consuelo Alcalá Herrera, de la Facultad de Psicología de la UNAM, advierte que el debate académico aún no tiene conclusión definitiva: los datos disponibles no son concluyentes, y es central preguntarse cómo se mide el rendimiento escolar y cómo se evalúa el impacto real del dispositivo. "Las variables que se utilizan quizás no sean las más adecuadas", señaló en declaraciones recientes.

La brecha que nadie ve: no es solo acceso, es competencia
Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación reciente apunta a una doble brecha digital que con frecuencia se omite en el debate público. No alcanza con que el alumno tenga un celular y conexión: también necesita las competencias para usarlo de manera educativa y responsable. Estudios recientes confirman que esta segunda brecha —la de los usos— condiciona directamente las oportunidades de aprendizaje, y que en Argentina está fuertemente atravesada por el nivel socioeconómico y la formación del docente a cargo. En ese punto converge gran parte de la literatura especializada: el factor determinante no es el dispositivo en sí, sino la mediación del docente. Capacitar al profesorado en metodologías activas, fomentar la alfabetización digital en ambas direcciones —alumnos y educadores— y establecer normas claras de uso en el aula son las tres variables que los investigadores identifican como palancas de cambio reales.


Las restricciones al celular en el aula tienen argumentos a favor respaldados por la ciencia: diversas investigaciones sugieren que prohibirlos puede mejorar la concentración, aumentar el rendimiento académico y fomentar la interacción cara a cara entre compañeros. Sin embargo, otros estudios sostienen que la prohibición no tiene un impacto significativo en el desempeño y que, en cambio, limita el acceso a recursos educativos en línea, profundizando desigualdades en contextos donde el celular puede ser la única herramienta disponible. Para Argentina, donde la heterogeneidad de las escuelas es enorme —desde colegios privados urbanos con acceso a plataformas digitales hasta escuelas rurales donde el celular del alumno es la única ventana a internet—, una política uniforme parece especialmente problemática. La discusión no puede ser la misma en una escuela del barrio de Palermo que en una del interior de Chaco.

Lo que sí parece claro, a la luz de la evidencia disponible, es que la respuesta no está en las prohibiciones absolutas. El celular ya forma parte de la vida cotidiana de todos los estudiantes argentinos, y su presencia en el aula es irreversible. La transformación pendiente es otra: una mirada docente renovada, políticas educativas que contemplen la diversidad del país y, sobre todo, la decisión de avanzar hacia un uso responsable e intencional de una tecnología que, bien aprovechada, puede ser una herramienta poderosa para aprender.

Referencias

Castañeda Fuentes, L. F., & Amezcua Kosterlitz, K. F. (2025). Del aprovechamiento a la restricción: cómo el uso del teléfono celular transforma la secundaria en el contexto actual. RIEIPD, 3(2). https://doi.org/10.71770/rieipd.v3i2.3312

González Caino, P. C. (2025). Uso responsable del celular en el aula: ¿herramienta educativa o distracción? Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/uso-responsable-del-celular-en-el-aula-herramienta-educativa-o-distraccion

Observatorio de Argentinos por la Educación. (2025). Celular en el aula: uso, distracción y aprendizajes. https://argentinosporlaeducacion.org

UNESCO. (2025). Datos sobre restricciones al celular en escuelas (actualización enero 2025).

OCDE – PISA 2022. Datos sobre uso de celulares en escuelas de Argentina y 80 países.