
Fútbol, nacionalismo y algoritmos en la era del digital
El fútbol constituye uno de los fenómenos culturales más relevantes de la sociedad contemporánea reflexionaba en 1999. No es un solo un espectáculo inocente, sino un espacio donde confluyen identidades colectivas, intereses económicos, industrias mediáticas y luchas simbólicas por la representación del poder Hubo un tiempo en que los Mundiales de fútbol eran presentados como una celebración global, un espacio donde las diferencias nacionales encontraban una tregua en torno al deporte. Sin embargo, la última Copa del Mundo dejó una impresión distinta: el torneo se transformó en un escenario donde las tensiones políticas, el nacionalismo, la desinformación y la lógica de las redes sociales terminaron por invadir el terreno de juego.

El fútbol continúa siendo un espacio donde se disputan sentidos sociales y políticos. Sin embargo, la diferencia fundamental reside en que hoy esa disputa ya no es monopolio de los medios tradicionales. Millones de usuarios participan activamente en la producción de contenidos, amplificando tanto la conversación pública como la circulación de noticias falsas, discursos nacionalistas y campañas de polarización.
La Copa Mundial de Fútbol es una construcción comunicacional donde convergen poder político, economía, nacionalismos y producción periodística, donde los medios no se limitan a narrar los partidos: construyen sentidos, organizan emociones y producen relatos que transforman el deporte en un acontecimiento político y cultural. Nunca antes un Mundial había estado tan atravesado por disputas geopolíticas y discursos identitarios. Restricciones migratorias, conflictos diplomáticos, dificultades para el ingreso de árbitros y delegaciones, y la utilización del fútbol como herramienta de confrontación nacional marcaron una competencia que trascendió ampliamente lo deportivo.
Del fútbol a la confrontación política
La rivalidad entre selecciones dejó de expresarse únicamente en los noventa minutos. En plataformas como X, TikTok, Facebook e Instagram, millones de usuarios participaron de una guerra simbólica donde los estereotipos nacionales se convirtieron en armas de propaganda.
Los argentinos fueron retratados mediante memes despectivos en distintos países de la región, mientras que los mexicanos fueron objeto de campañas que recuperaban prejuicios vinculados con la migración hacia Estados Unidos. La competencia futbolística pasó rápidamente a convertirse en un espacio donde afloraron resentimientos históricos, disputas diplomáticas y narrativas nacionalistas.
Quiroga sostenía en 1999 que, desde el primer Mundial disputado en 1930, los intereses políticos y económicos acompañaron cada edición del torneo. El fútbol se convirtió progresivamente en un espacio privilegiado para la construcción de legitimidades nacionales y para la proyección del poder simbólico de los Estados. En consecuencia, las Copas del Mundo funcionan como escenarios donde la competencia deportiva convive con disputas diplomáticas, intereses comerciales y estrategias comunicacionales. El periodismo deportivo selecciona acontecimientos, jerarquiza protagonistas, utiliza metáforas bélicas, construye héroes y villanos e interpreta cada partido dentro de narrativas nacionales. Esa construcción discursiva influye en la manera en que millones de personas comprenden la Copa Mundial de Fútbol y se identifican con sus selecciones.
Veintisiete años después aquellas reflexiones (1999-2011) adquieren una vigencia extraordinaria. Si durante Francia 1998 la construcción mediática estaba concentrada en la prensa escrita y la televisión, en la actualidad los algoritmos de las plataformas digitales multiplican exponencialmente ese proceso. Las redes sociales convierten cada jugada, declaración o decisión arbitral en un acontecimiento global sometido a reinterpretaciones, desinformación y manipulación audiovisual mediante inteligencia artificial. En este contexto, el Mundial 2026 confirma que el deporte continúa siendo un espacio donde se disputan sentidos sociales y políticos. Sin embargo, la diferencia reside en que hoy esa disputa ya no es monopolio de los medios tradicionales. Millones de usuarios participan activamente en la producción de contenidos, amplificando tanto la conversación pública como la circulación de noticias falsas, discursos nacionalistas y campañas de polarización.

Medios tradicionales en la lógica del algoritmo
El fenómeno también evidenció un cambio profundo en el funcionamiento del periodismo deportivo. Cada vez más medios tradicionales operan bajo la lógica de las plataformas digitales, donde la prioridad es producir contenidos capaces de generar viralización inmediata. Las polémicas nacionales, las declaraciones extremas y los conflictos diplomáticos se transforman así en insumos ideales para obtener reproducciones, comentarios y compartidos. La economía de la atención terminó favoreciendo titulares confrontativos antes que verificaciones rigurosas, alimentando un ecosistema donde la espectacularización reemplaza con frecuencia al análisis.
La inteligencia artificial como multiplicador de la desinformación
Otro fenómeno distintivo fue la utilización masiva de inteligencia artificial para fabricar contenidos falsos. Durante el torneo circularon imágenes manipuladas que pretendían demostrar posiciones adelantadas inexistentes, audios alterados y videos editados para sostener teorías conspirativas sobre arbitrajes. También se viralizaron declaraciones completamente inventadas atribuidas a figuras internacionales. Entre ellas, una supuesta frase de Erling Haaland afirmando que apoyaría a Argentina frente a Inglaterra porque el Reino Unido "se apropió ilegalmente de las Islas Malvinas", declaración jamás pronunciada por el delantero noruego. Algo similar ocurrió con Jude Bellingham, a quien se le atribuyó haber denunciado que "la FIFA está amañada y es corrupta". Tampoco existió evidencia alguna de que el futbolista inglés realizara semejantes declaraciones. Este tipo de contenidos aprovecharon las capacidades de la inteligencia artificial generativa para producir imágenes, videos y citas con un alto grado de verosimilitud, dificultando la capacidad de los usuarios para distinguir entre información auténtica y desinformación.
Algoritmos que premian la confrontación
Diversos estudios sobre comunicación digital sostienen que los algoritmos de las principales plataformas privilegian aquellos contenidos capaces de generar fuertes reacciones emocionales. La indignación, el enojo y el enfrentamiento producen mayores niveles de interacción que la información equilibrada. En ese contexto, el Mundial funcionó como un enorme catalizador emocional donde el fútbol sirvió como excusa para profundizar divisiones políticas, nacionales e ideológicas previamente existentes. La lógica algorítmica convirtió cada partido en una oportunidad para reforzar identidades colectivas, amplificar prejuicios y consolidar comunidades enfrentadas.
Mucho más que un torneo deportivo
La Copa del Mundo continúa siendo uno de los pocos acontecimientos capaces de concentrar simultáneamente la atención de miles de millones de personas. Precisamente por esa condición excepcional, también se convierte en un escenario privilegiado para observar las transformaciones contemporáneas de la comunicación política y mediática. El torneo dejó en evidencia que el fútbol ya no puede analizarse exclusivamente desde el rendimiento deportivo. Es también un espacio donde convergen disputas geopolíticas, campañas de desinformación, nacionalismos digitales y estrategias de captación de audiencias impulsadas por algoritmos.
El Mundial terminó reflejando con extraordinaria claridad las tensiones de una época: una sociedad hiperconectada donde la información circula a velocidades inéditas, las fronteras simbólicas parecen fortalecerse y el deporte, lejos de permanecer al margen, se convierte en uno de los escenarios privilegiados para la disputa por la atención, la identidad y el poder. El fútbol global en un laboratorio privilegiado de la comunicación contemporánea y los estadios continúan siendo el escenario visible del juego, pero las verdaderas disputas por el significado del acontecimiento se desarrollan simultáneamente en los medios, las plataformas digitales y los algoritmos que organizan, disimulan y mienten en la conversación pública.
Fuentes
Quiroga, S. (1999). La Copa del Mundo de Fútbol: análisis de la construcción periodística de los mensajes deportivos. Lecturas: Educación Física y Deportes, Revista Digital, 17.
Quiroga, S. (2000). Deporte, medios y periodismo. Lecturas: Educación Física y Deportes, Revista Digital, 26.
Quiroga, S.(2001). Entre la cultura popular y el deporte. Lecturas: Educación Física y Deportes, Revista Digital, 30



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