Los algoritmos de la emoción y la disputa por la verdad histórica
23/06/2026 Sergio QuirogaEn una época marcada por la hiperconectividad, los memes y las fake news, la inteligencia artificial y la polarización política, el historiador francés Jean-Frédéric Schaub lanza una advertencia que trasciende el ámbito académico: la democracia liberal podría verse amenazada por un ecosistema digital que privilegia las emociones sobre el pensamiento crítico. La reflexión forma parte de su más reciente libro, Le Passé ne s’invente pas (El pasado no se inventa), publicado en 2026 por la editorial Albin Michel. En esta obra, Schaub analiza cómo el pasado ha dejado de ser exclusivamente un objeto de estudio para convertirse en una herramienta de movilización política, identitaria y emocional.

La historia en tiempos de algoritmos
Según Schaub, las redes sociales han transformado profundamente la relación de las sociedades con el conocimiento histórico. Mientras la investigación histórica exige contexto, matices y contrastación de fuentes, las plataformas digitales recompensan la inmediatez, la simplificación y las reacciones emocionales. Para el historiador, la irrupción de la inteligencia artificial profundiza este desafío. La capacidad de generar imágenes, documentos, voces o relatos falsos con apariencia de autenticidad multiplica los riesgos de manipulación y dificulta distinguir entre evidencia y ficción. Lo que antes requería conocimientos especializados para falsificar documentos históricos hoy puede realizarse en cuestión de minutos mediante herramientas accesibles para millones de usuarios.
Esta situación configura lo que Schaub considera una nueva crisis de la verdad histórica. El problema no radica únicamente en la existencia de información falsa, sino en la creciente dificultad para sostener criterios compartidos de verificación y evidencia dentro del debate público.
Memoria, identidad y fragmentación
Uno de los ejes centrales del libro es la diferencia entre memoria e historia en la que Schaub reconoce la legitimidad de las memorias individuales y colectivas, así como el papel de los gobiernos democráticos en la construcción de símbolos y conmemoraciones que favorezcan la cohesión ciudadana. Sin embargo, advierte que la memoria no puede sustituir al conocimiento histórico. Cuando las identidades particulares se convierten en el único criterio para interpretar el pasado, se corre el riesgo de fragmentar los consensos científicos y debilitar las nociones universales que sostienen la convivencia democrática.
En este sentido, el autor observa con preocupación la tendencia contemporánea a otorgar mayor legitimidad al sentimiento que al análisis. Comprender el pasado exige contrastar evidencias, aceptar complejidades y reconocer contradicciones; sentir el pasado, en cambio, puede conducir a interpretaciones selectivas que privilegian la pertenencia identitaria por encima de los hechos.
La frontera entre arte, memoria e investigación
Schaub defiende la coexistencia de tres dimensiones fundamentales en la relación de las sociedades con el pasado: la investigación histórica, la memoria pública y la creación artística. La historia, sostiene, debe producir conocimiento verificable. La memoria contribuye a construir pertenencia ciudadana. El arte, por su parte, tiene plena libertad para imaginar y reinterpretar acontecimientos históricos.
El problema aparece cuando estas fronteras se vuelven difusas. Si una obra artística se presenta como investigación científica o si la propaganda política adopta la apariencia de conocimiento histórico, la ciudadanía pierde herramientas para distinguir entre verdad, interpretación y ficción. Por ello, el historiador considera indispensable preservar la autonomía de la investigación académica y fortalecer la educación histórica como un componente esencial de la cultura democrática.
Europa frente a sus contradicciones
Lejos de las visiones simplificadoras, Schaub sostiene que Europa sí está enfrentando debates sobre colonialismo, esclavitud, racismo y violencia histórica. Estos temas ocupan espacios relevantes en universidades, centros de investigación, escuelas, medios de comunicación y producciones culturales. A su juicio, el desafío no consiste en ignorar los aspectos oscuros del pasado europeo, sino en asumir una memoria compleja donde conviven logros y crímenes. Esta capacidad para aceptar contradicciones resulta esencial para evitar tanto la glorificación acrítica como la condena simplista de la historia.
La nostalgia política
Otro de los fenómenos analizados por Schaub es el auge de la nostalgia como emoción política. Numerosos movimientos populistas apelan a una supuesta edad de oro perdida, prometiendo restaurar un orden, una identidad o una estabilidad que habrían desaparecido. El historiador reconoce que la nostalgia forma parte de la experiencia humana, pero advierte que sobrevalorar el pasado puede convertirse en un obstáculo para construir el futuro. Las sociedades que idealizan excesivamente épocas anteriores corren el riesgo de descuidar las inversiones, innovaciones y transformaciones necesarias para enfrentar los desafíos del presente. Como ejemplo, menciona la facilidad con la que Francia movilizó recursos para restaurar la Catedral de Notre Dame tras el incendio de 2019, en contraste con las dificultades para impulsar proyectos tecnológicos capaces de competir con las grandes plataformas digitales globales.
Democracia, educación y pensamiento crítico
La principal preocupación de Schaub trasciende la historia ya que entiende que la democracia liberal es, ante todo, un proyecto educativo. El sufragio universal, los derechos individuales y las libertades públicas dependen de ciudadanos capaces de analizar información, evaluar argumentos y distinguir hechos de opiniones. Cuando los algoritmos favorecen sistemáticamente los contenidos que generan indignación, miedo o confrontación, se debilitan las condiciones necesarias para el debate racional. En consecuencia, la amenaza no se limita al conocimiento histórico: afecta directamente la calidad de la vida democrática.
La advertencia de Schaub resulta especialmente relevante en una época donde la velocidad de circulación de la información supera con frecuencia la capacidad de verificarla. Frente a ese escenario, el historiador reivindica el valor de la lentitud intelectual, la evidencia y el pensamiento crítico como herramientas indispensables para preservar tanto la verdad histórica como la salud de las democracias contemporáneas.
Referencias
Peytibi, X. (2026, 23 de junio). «Los algoritmos que favorecen las emociones, en detrimento del pensamiento, amenazan a la democracia». Entrevista a Jean-Frédéric Schaub. Política Creativa. https://politicacreativa.com
Schaub, J.-F. (2026). Le Passé ne s’invente pas. Paris: Albin Michel.

