
Conversar salva la democracia: hace falta como y dónde hacerlo
En un contexto global de declive democrático marcado por la polarización, desinformación y desafección ciudadana, España presenta una paradoja: un amplio deseo social de participar en la vida política que rara vez se traduce en acciones concretas. Así lo advierte el catedrático de Ciencia Política de la UNED, Xavier Coller, en un reciente análisis que retoma datos del CIS (Encuesta 3490, diciembre de 2024).

El deseo de participar choca con la realidad
Según el CIS, el 83% de los españoles estaría dispuesto a codecidir en reuniones ciudadanas, y un 71% se involucraría en conversaciones públicas presenciales. Sin embargo, apenas el 22% ha participado en alguna iniciativa durante el último año. "No será por falta de ganas", ironiza Coller, quien identifica las principales barreras: falta de información, interés, tiempo y percepción de no estar preparado. De hecho, dos tercios de quienes nunca han participado (67%) aseguran que sí lo harían si hubieran conocido alguna iniciativa. Esto sugiere que la primera gran disrupción es informativa: los canales participativos no llegan a la ciudadanía.
Coller subraya un problema de fondo: "la ciudadanía percibe a la política, a los políticos y a los partidos más como un problema que como una solución". Esta desconfianza erosiona el soporte democrático, ya de por sí frágil en España. Además, las formas de participación que predominan son individualizadas y desvinculadas del territorio: donaciones, boicots, peticiones o convencer a alguien dialogando. Frente a esto, el autor reivindica el modelo de "democracia con conversaciones públicas" cara a cara, tal como propone el sociólogo Robert Fishman. Para Coller, la interacción presencial genera confianza, construye comunidad y fortalece la sociedad civil, un antídoto clave contra el declive democrático.
Iniciativas que ya están en marcha
El artículo menciona experiencias como los presupuestos participativos, los planes de Gobierno Abierto o consultas ciudadanas en Donostia sobre urbanismo y medio ambiente. Sin embargo, el catedrático advierte que estas iniciativas, aunque valiosas, chocan con una transformación social acelerada que vuelve obsoletas "las recetas viejas".
Conclusión: profundizar la democracia o seguir erosionándola
Para Coller, abrir espacios deliberativos no es un mero gesto institucional. Inspirado en Tocqueville y en declaraciones europeas recientes (Principios de Reikiavik, Declaración de Vitoria-Gasteiz 2025), sostiene que la participación ciudadana vinculante es el principal antídoto contra el deterioro democrático. "Mientras no se mejore la percepción de la política, convendría tener más conversaciones públicas sobre cómo facilitar la implicación ciudadana en la solución de los problemas que le afectan", sentencia. Aunque el 83% quiere codecidir, solo el 22% lo hace. El principal freno no es solo la desidia, sino la falta de información sobre cómo participar.







