El espejismo de la estrategia ultra: cuando imitar al enemigo es cavar la propia tumba

Mundo21/03/2026

En la desesperada lucha por recuperar terreno electoral, numerosos partidos tradicionales han caído en una trampa de elaboración propia: la de creer que para vencer a la ultraderecha, basta con parecerse a ella. Adoptar sus marcos narrativos, endurecer el discurso migratorio o replicar su retórica combativa se ha vendido como una fórmula pragmática para reconquistar a los votantes descontentos. Sin embargo, como advierte el investigador Delle Donne, se trata de un espejismo que no solo resulta estéril, sino que acelera la metamorfosis del sistema político que dice proteger.

“Está ampliamente estudiado y comprobado de que no es así”, sentencia el autor, desmontando la lógica de la contaminación estratégica. Lejos de frenar el avance de la extrema derecha, este mimetismo genera un efecto devastador: legitima su agenda. Cuando un partido convencional adopta los postulados del adversario, no está robándole votos, sino otorgándole una victoria cultural. El consenso social se desplaza hacia la derecha radical, y el partido original, diluido en un discurso que no le es propio, termina siendo percibido como una copia desvaída e indigna de confianza. El único beneficiario, concluye Delle Donne, es el extremo que se pretendía aislar. Esta dinámica evidencia la obsolescencia del tradicional cordón sanitario cuando no es acompañado por otros actores fundamentales. Los medios de comunicación, atrapados en las lógicas de audiencia y la búsqueda de la interacción fácil, se convierten con frecuencia en altavoces acríticos de estos discursos. La máxima de “si hay conflicto, hay clic” ha sustituido a la responsabilidad de filtrar aquello que erosiona los pilares democráticos.

La identidad sobre los datos

El diagnóstico de Delle Donne apunta a un cambio de época en la comunicación política. La era de la persuasión basada en datos y propuestas ha dado paso a la era de la confirmación identitaria. La ciudadanía, fragmentada en burbujas emocionales, ya no busca argumentos que le hagan cambiar de opinión, sino relatos que refuercen sus miedos y certezas previas.

Frente a esta realidad, el autor no propone abandonar la racionalidad, sino reinventar su formato. “Hay que construir nuevas formas de contar esos datos, nuevas formas de contar identidades, nuevas formas de contar valores políticos”, plantea. Pero esta reconstrucción narrativa no puede ser un ejercicio de élites. No basta con que los líderes bajen un mensaje desde la cúpula; es necesario un movimiento de base que humanice al disenso. “Pensar en la otra persona no como en el enemigo que vota a ese partido, sino tal vez como alguien que piensa diferente pero con el cual podemos llegar a compartir ciertos valores”. En un contexto de polarización extrema, esta invitación a la escucha suena casi revolucionaria.

El algoritmo y la ausencia de una vacuna

Parte de la ventaja competitiva de la ultraderecha reside en su manejo quirúrgico del ecosistema digital. Mientras las formaciones tradicionales aún discuten la pertinencia de publicar un programa electoral en TikTok, los movimientos ultras han profesionalizado la producción de contenido diseñado para explotar las lógicas de las plataformas. Han entendido que el algoritmo premia la confrontación, la ira y la simplificación excesiva. Su discurso no es solo político; es funcional a la economía de la atención. La pregunta inevitable ante este diagnóstico es si existe una “vacuna narrativa”, un antídoto probado para contener la fiebre ultra. La respuesta de Delle Donne es tan honesta como inquietante: “Lamentablemente debo decirte que no”. Aunque señala ejemplos puntuales, como el comportamiento de la Unión Demócrata Cristiana en el este de Alemania en 2019, advierte que no existe una receta universal. Su pesimismo, lejos de ser derrotismo, refleja la magnitud del desafío: aún no estamos cerca de construir un relato alternativo con la potencia y la velocidad de propagación del discurso ultra.

La rebelión que restaura el viejo orden

Uno de los fenómenos más desconcertantes de la última década es la capacidad de la ultraderecha para presentarse como una fuerza contracultural y transgresora, especialmente entre los jóvenes. ¿Cómo es posible que un movimiento que defiende jerarquías fijas y visiones tradicionalistas de la sociedad logre venderse como un acto de rebeldía? Delle Donne disecciona esta paradoja con precisión. El éxito no reside en la solidez de sus propuestas, sino en su capacidad para capitalizar una decepción legítima. Frente al fracaso de la promesa neoliberal —esa idea de que el esfuerzo individual garantizaría el bienestar—, la ultraderecha ofrece un chivo expiatorio y la nostalgia de un orden estable. “Si llamamos rebeldía a plantear la idea de jerarquías fijas […] una visión tradicionalista de la sociedad… entonces ahí en realidad estamos llamando rebeldía a algo que lo que busca es volver a imponer un viejo orden”, advierte.

El desafío de un proyecto superador

El verdadero punto de inflexión que ha permitido la expansión de este fenómeno, concluye el investigador, es la redefinición de la democracia como una mera herramienta funcional. Para sectores crecientes de la población, si el sistema no entrega soluciones inmediatas, debe ser reemplazado. Esta grieta en el consenso ha normalizado discutir cuestiones que antes eran intocables, erosionando los cimientos de la convivencia. Frente a este panorama, el autor lanza el verdadero desafío: no se trata de apelar a la vuelta al status quo anterior. Ese status quo, para una mayoría que sufre desigualdad, precariedad y desesperanza, es precisamente el que generó el caldo de cultivo para el descontento. “Lo que hay que plantear es un proyecto superador, que tenga las bases y los valores de ese consenso democrático que ahora se ha roto”, sostiene. Un proyecto que no olvide ocuparse de los problemas estructurales, comenzando por la desigualdad. Mientras los partidos convencionales sigan creyendo que el camino para detener a la ultraderecha es copiar su agenda, seguirán siendo meros acompañantes en su ascenso. La batalla no se gana jugando en el tablero del adversario, sino construyendo uno nuevo donde las respuestas a la indignación ciudadana no pasen por el retroceso, sino por la profundización de la justicia social y la democracia participativa.

Imagen de: https://democraciayparlamento.com.ar/franco-delle-donne-diserto-sobre-el-fenomeno-de-la-radicalizacion-de-la-democracia/

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