El repliegue de la prensa tradicional local

Actualidad03/01/2026
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Michael_Luenen (Pixabay)

La imagen es potente y cargada de significado: pesadas bobinas de papel, las últimas que quedaban, siendo cargadas en camiones en un edificio semivacío de la intersección de Avenida Lafinur y Pedernera. Su destino final: la provincia de San Juan, donde serán utilizadas por el Diario de Cuyo y este traslado, aparentemente logístico, es en realidad el epitafio material de El Diario de la República, el medio que durante más de 35 años fue el megáfono privilegiado y financiado por el gobierno de la familia Rodríguez Saá en San Luis.

La operación, cuyoyos datos publica Daniel Poder en la web DePolítica, no  ha sido considerada un hecho aislado ya que se enmarca en una decisión mayor: la liquidación de los últimos activos del que fuera el diario impreso de mayor alcance provincial. Las mismas fuentes indican que el inmueble que albergó la redacción en sus últimas dos décadas ya está en el mercado, aunque sin un precio preciso definido.

Este desmantelamiento final cierra un ciclo que se inició el 22 de junio de 1992, cuando la familia Pérez tras recibir sensibles presiones debió vender el Diario de San Luis a intereses vinculados al entonces ascendente clan político de los Rodriguez Saa A partir de allí, y durante más de tres décadas, el medio cambió su nombre llamandose El Diario de la República y se convirtió en un monopolio de facto de la información oficial, beneficiado por la pauta publicitaria estatal al ser el único medio impreso que llegaba a todos los rincones de la provincia. Grandes recursos públicos fluyeron hacia sus arcas, consolidándolo como pilar central de la construcción del relato oficial.

El contraste con el destino de otros grandes diarios del interior, como Los Andes en Mendoza o el propio Diario de Cuyo, es abismal. Estos medios atravesaron crisis y cambios de propiedad, pero dentro de una lógica empresarial que buscó preservar la marca, modernizar la operación y adaptarse al nuevo ecosistema digital. Hubo estrategia, capital y una visión de continuidad. En 2023 y el fin de su era, el diario entró en un proceso de vaciamiento que carecía de una conducción profesional, sin inversiones y sin un proyecto editorial independiente de la coyuntura política, la versión impresa desapareció. Lo que queda hoy es una página web marginal, sin la influencia ni el peso específico de antaño.

Más allá de la web residual, el exgobernador Alberto Rodriguez Saa parece haber abandonado la disputa por el sentido en el espacio público a través de un medio estructurado, profesional y de alcance masivo. Poder indica que puede considerarse un repliegue táctico y que por su contundencia material, definitivo.  Para muchos dirigentes, militantes y cuadros que se formaron y actuaron bajo el paraguas de aquel poder, el diario no era solo un medio: era un escudo, una trinchera y una herramienta de legitimación interna. Su desaparición física primero, y ahora la liquidación de sus últimos restos, genera una sensación de orfandad, desprotección y desamparo. Quedan sin la voz que los amplificaba y sin el respaldo simbólico que los validaba.

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