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title: "El ajuste argentino frente al espejo internacional"
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date_published: "2026-08-05T05:51:00-03:00"
date_modified: "2026-08-05T06:10:11-03:00"
tags:
  - "Argentina"
  - "cierre de empresas"
  - "desempleo"
  - "experiencia internacional"
author_name: "Sergio Quiroga"
category_name: "General"
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# El ajuste argentino frente al espejo internacional

**El tejido productivo argentino atraviesa uno de los procesos de destrucción de empresas más intensos de las últimas dos décadas. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) procesados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), entre noviembre de 2023 y abril de 2026 el país perdió más de 28.000 empresas empleadoras y en torno a 340.000 puestos de trabajo registrados. El 98% de las firmas cerradas son pymes, la mayoría con uno o dos empleados. La construcción, la industria manufacturera y el transporte encabezan la sangría, mientras que la Unión Industrial Argentina (UIA) y organizaciones como Industriales Pymes Argentinos (IPA) proyectan que 2026 podría cerrar con hasta 600.000 empleos menos y decenas de miles de empresas adicionales fuera del sistema. Los concursos preventivos —la antesala judicial de la quiebra— se multiplicaron más de un 130% desde 2023.**

El diagnóstico oficial atribuye este costo a una purga necesaria: empresas ineficientes que sobrevivían gracias a la protección arancelaria y la inflación, y que el ordenamiento de precios relativos y la apertura comercial dejan, inevitablemente, en el camino. Argentina no es el primer país que atraviesa un cierre masivo de empresas como consecuencia de un programa de ajuste, liberalización comercial y disciplina fiscal.

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*sahinsezerdincer-man*

## Algunas experiencias internacionales

**Chile, 1975-1982.** El experimento de los "Chicago boys" bajo la dictadura de Pinochet combinó apertura comercial abrupta, liberalización financiera y reducción drástica de aranceles. El resultado inmediato fue una ola de quiebras industriales, desempleo en alza y dos recesiones profundas (-12,9% en 1975 y -14,1% en 1982). Recién hacia fines de los años ochenta, tras corregir errores cambiarios y bancarios, la economía chilena estabilizó un crecimiento sostenido, pero al precio de una desindustrialización relativa que el país nunca revirtió del todo.

**Polonia, 1990-1993.** El Plan Balcerowicz, la "terapia de choque" poscomunista, liberalizó precios, privatizó empresas estatales y abrió la economía de un día para el otro. El desempleo trepó del 0% —bajo el régimen de pleno empleo formal comunista— a más del 16% hacia 1993, y el país perdió más de dos millones de puestos de trabajo en apenas tres años. La diferencia decisiva llegó después: Polonia desplegó una política activa de empleo con instrumentos fiscales y crediticios de apoyo a la recolocación laboral, que hacia mediados de los noventa había recuperado un millón de puestos, y ancló todo el proceso en la perspectiva —cumplida en 2004— de ingreso a la Unión Europea, lo que garantizó flujos sostenidos de inversión y fondos estructurales europeos para modernizar sectores enteros.

**España, 1983-1986.** La reconversión industrial de los sectores siderúrgico, naval y textil, impulsada por Felipe González, tenía un objetivo declarado: reducir en unos 72.000 los puestos de trabajo en las ramas en crisis. Pero el ajuste no quedó librado al mercado. El Estado creó los Fondos de Promoción de Empleo, que garantizaban a los trabajadores desplazados el cobro de prestaciones por desempleo durante el máximo legal —independientemente de sus cotizaciones previas— y financiaban su recolocación; estableció jubilaciones anticipadas subsidiadas para mayores de 60 años; y delimitó Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR) en las regiones más golpeadas, con incentivos fiscales y financieros para que nuevas industrias absorbieran a los trabajadores desplazados. Hubo huelgas, enfrentamientos y un costo político alto, pero también una arquitectura institucional explícita para amortiguar la transición.

**Corea del Sur, 1997-1998.** Tras la crisis financiera asiática, el país aceptó un rescate del FMI de 58.000 millones de dólares condicionado a la reestructuración de los conglomerados familiares (*chaebol*), la apertura financiera y una mayor flexibilidad laboral. Grupos como Daewoo quebraron y el desempleo y los despidos masivos golpearon con dureza. Pero el Estado coreano no se limitó a observar: coordinó activamente la renegociación de deuda de las grandes empresas mediante una autoridad financiera creada para ese fin —inspirada en el "enfoque de Londres" del Banco de Inglaterra—, exigió a los conglomerados mejorar transparencia y desprenderse de líneas de negocio no rentables en lugar de simplemente dejarlos caer, y aceleró la construcción de un sistema de seguro de desempleo que hasta entonces era incipiente, ampliando su cobertura durante la crisis misma.

## Las diferencias con el proceso argentino

Polonia tuvo el ingreso a la Unión Europea como horizonte que disciplinó reformas y atrajo inversión anticipada; Corea contó con la presión y el acompañamiento técnico del FMI en la reestructuración corporativa, no solo en el ajuste fiscal. Argentina no cuenta con un ancla institucional equivalente que oriente inversión hacia los sectores golpeados por la apertura importadora. España creó fondos dedicados exclusivamente a sostener el ingreso y la recolocación de los trabajadores desplazados por la reconversión, con financiamiento conjunto de empresas y Estado. Polonia desplegó políticas activas de empleo —créditos subsidiados, incentivos fiscales a la contratación— que en pocos años recuperaron buena parte de los puestos perdidos. **En Argentina, la asistencia a los trabajadores despedidos de empresas cerradas se procesa mayormente a través del sistema general de prestaciones por desempleo, sin un dispositivo específico orientado a las pymes ni fondos de reconversión sectorial.**

**Falta de política industrial focalizada**

Las ZUR españolas dirigieron incentivos concretos hacia las regiones y sectores en crisis para generar nuevas fuentes de empleo antes de que la desindustrialización se consolidara. En Argentina, el crecimiento se concentra en sectores extractivos —minería, Vaca Muerta— sin que ese dinamismo derrame, hasta ahora, sobre las economías regionales industriales golpeadas por la apertura, tal como reconocen incluso referentes empresariales de las zonas productoras de hidrocarburos.

Corea coordinó directamente la reestructuración de la deuda corporativa para evitar una ola indiscriminada de quiebras; España negoció con sindicatos y empresas los plazos y compensaciones de cada reconversión sectorial. En el caso argentino, el cierre de empresas —el 98% pymes de baja escala— ocurre en gran medida por fuera de cualquier proceso negociado, como resultado directo y no mediado de la combinación de apertura importadora, caída del consumo interno y aumento de tarifas.

## Sostenimiento de empresas y empleos

**El patrón común entre los procesos que lograron atenuar el costo social del ajuste: ninguno confió exclusivamente en que el mercado reabsorbiera por sí solo lo que la apertura destruía. Los instrumentos más usados incluyen: fondos específicos de promoción de empleo para trabajadores desplazados (España); políticas activas de empleo con subsidios a la contratación y la recolocación (Polonia); zonas de reindustrialización con incentivos fiscales dirigidos (España); coordinación estatal de la reestructuración de deuda empresarial para evitar quiebras en cadena (Corea del Sur); y anclas externas —adhesión a bloques económicos, acompañamiento técnico multilateral— que dieran previsibilidad a la inversión de mediano plazo (Polonia, Corea del Sur).**

Ninguno de estos procesos estuvo libre de costos sociales severos ni de conflictividad política; todos tuvieron años de desempleo en alza y de fuerte malestar social antes de mostrar resultados.**Pero en todos los casos, el ajuste vino acompañado de un diseño institucional explícito para sostener ingresos y reconvertir capacidades productivas durante la transición, algo que en el proceso argentino actual todavía no tiene una expresión equivalente y que explica, en parte, por qué el debate sobre el costo del programa económico sigue tan abierto.**

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